El de la vida en calma


Vivo en un barrio hermoso, justo en el medio de un pueblo múltiple, un pueblo que es dos pueblos, físicamente y espiritualmente. Cuando paseo por él, me siento en medio de todo. Me encanta vivir aquí, porque me parece una bella metáfora de la vida. Nuevo y viejo. Dentro y fuera. Un pueblo que son dos, un país que son dos, un mundo que son dos. Y en medio, mi hogar. El lugar donde quiero estar. En el centro de todo, donde suceden las cosas, donde los extremos se tocan, donde las distintas realidades se encuentran y superponen, donde la magia sucede.

En el centro de todo, egocéntricamente hablando también, sí, donde no resulte indiferente, donde la gente pueda verme sin tener que mostrarme, donde no tenga que gritar para que me escuchen.

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Nuestra sociedad, imagino que la nuestra y alguna más, pero no sé si es así en cualquier lugar del mundo, es individualista. Pasas al lado de la gente que no te ve, crecemos en edificios gigantes donde no conocemos a nadie, vamos a clases masificadas, en colegios masificados, donde tenemos que luchar por hacernos un hueco y sobrevivir, pertenecemos a grandes corporaciones empresariales donde nadie quiere a nadie, pero muchas se ponen buena cara. Y entre todas las personas, colegas, compañeras y vecinas, solo unas cuantas se sienten acompañadas. Muchas, muchísimas, se sienten solas, deprimidas, angustiadas, vacías, estresadas. Estresadas. La enfermedad de este tiempo. Nadie sabe qué hacer con ella. La sorteamos con suerte cuando nadie nos mira, la guardamos en secreto, nos enfada y nos molesta cuando no la sufrimos en persona, la acompañamos mal, la manejamos mal.

Nos hemos construido una cárcel de estrés. Y nos la hemos creído. Como la caverna de Platón. Y lo extraño es que sabemos dónde estamos, nos lo contamos en películas, en tertulias, lo leemos en los libros, nos quejamos de ello cuando quedamos con las amigas, pero aquí nos quedamos. Y no creo que sea por miedo, ni por falta de interés. Si no porque llevamos tanto tiempo aquí, que no sabemos salir. Esto no es Mátrix. Nadie va a darnos una píldora roja.

Remember: all I’m offering is the truth. Nothing more.

Morpheus. Anti-system.

Hemos nacido aquí, hemos crecido aquí, nos hemos educado aquí. Y nuestrxs hijxs han nacido aquí, están creciendo aquí, y ahora se van a educar aquí. Y podemos elegir si queremos que se eduquen como nosotras, sin saber salir, o queremos enseñarle lo que hay más allá de las sombras.

Podemos vivir diferente, enseñar a nuestrxs hijxs que hay otras caminos, otros sistemas, otras formas de organizarse, otras maneras de amar. Que no tenemos que ser todas iguales, ni necesitamos quedar por encima de nadie. Que no hace falta ser el mejor, ni ganar más, ni estar en lo alto siempre. Que está bien sentir dolor, sentir pena, estar enfadadas. Que lxs niñxs no son menos que lxs adultxs. Que no hay malos y buenos. Que la vida, deprisa, no es vida. Que no hay que vivir para trabajar, que podemos trabajar lo justo para vivir. Que podemos ganar menos y vivir más. Que podemos ser felices.

Y para eso, hay que empezar por hacerlo. Por intentarlo. Por dejar de perderse en la ciudad de así es como tiene que ser y mudarnos al barrio de podemos probar así. Y cuidarnos. Y cuidar. Y vivir despacio.

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