Hace falta explicarlo

Algunas veces hace falta parar. Parar para tomar aire, para coger perspectiva, para mirar el mapa, para hacerte a la idea de hasta dónde has llegado…

Cuando eres madre el tiempo cambia, comienza a transformarse, deja de pasar de la misma manera y pierdes su control. Descubres que las horas tienen distinta medida, los días, los meses. Comienzas a contar en años de tus hijas, en horas de retraso, en días para verlas, en meses de verano. Y en minutos de sexo que le arañas al sueño.

Cuando eres madre tu vida da la vuelta. Es hermoso y difícil, duele y llena, es lo mejor del mundo y lo que más miedo da.

Te reencuentras con la niña que fuistes, pierdes a la mujer que eras. A veces sale bien y solo es un instante. A veces sale mal y dejas de ser novia, de ser amante, y sientes que te has dejado algo. A veces sale bien y tardas unos meses en ser esa mamá y una nueva mujer, más fuerte y más hermosa, más sabía. A veces sales sola, a veces nada cambia, a veces cambia todo.

Hace falta explicarlo. Cuando eres teta, nana, peluche, medicina, te cuesta ser mujer. Y necesitas ojos que te sigan mirando, que no te busquen fuera, donde no estás ahora.

Ser madre no termina, es un camino del que sales mejor, más grande, más heroica, más bruja, más anciana, y mucho más hermosa.

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