los miedos en el homeschooling (parte 1)

Hoy quería hablaros de un tema que siempre surge cuando tienes peques. Da igual si educas en casa, en una escuela libre, en la escuela convencional, o en un cole privado. Siempre que tienes hijxs, desde el momento en que te quedas embarazada añadiría yo, también tienes miedo. Quizá tengas la suerte de no ser consciente durante el embarazo, quizá ni siquiera seas consciente de el miedo en el primer año de vida de tu peque, pero tarde o temprano, como una nube negra en el día más soleado del año, aparece el amiguete. El miedo. Los miedos. El temazo de la mapaternidad. Porque aunque de los papis no se hable tanto, ellos también lo sufren, aunque seguramente a consecuencia de este sistema vergonzosayasquerosamentepatriarcal en el que vivimos, lo sufren desde un lugar más liviano, o más silencioso, no lo sé.

Los miedos, según mi punto de vista, están ahí para ayudarnos a tomar consciencia, a enfocarnos en lo importante, y a disfrutar de las pequeñas cosas. A ser responsables de nuestras decisiones y a aceptar las consecuencias. Pero vivirlos desde la aceptación es muy difícil, si no imposible.

En la crianza hay miedos de muchísimos tipos, miedo a que nos pase algo y se queden solxs nuestrxs peques, miedo a que les pase algo a ellxs, miedo a no poder protegerles, a protegerles mas de la cuenta, a no darles lo que necesitan, a estar dándoles demasiado, a mimarles, a no darles suficiente amor, a que sean malas personas, a no aceptarles como son, a que crezcan poco estimulados, a sobre estimularles… Todo da miedo. Y, como con todo, la forma en que hemos construido la sociedad, por supuesto, no ayuda. Las personas nos acompañamos poco, nos aceptamos poco, nos escuchamos poco unas a otras.

Cuando educas en casa, por supuesto, también existen los miedos. Y sucede además que hay dos tipos de miedos, los tuyos como mapá y los de los demás, ya sean amigxs, familiares, personas que te conocen y se preocupan por ti, personas que no te conocen y se preocupan por tus hijas, o personas que no educan en casa pero tienen curiosidad. Estos dos tipos de miedo raramente coinciden.

los miedos de quien no educa en casa

El miedo al bicho raro

Existe el mito de que lxs peques que son educadxs fuera de una escuela, no socializan, y que cuando socialicen no sabrán comportarse, serán «bichos raros» -como si no lo fuéramos un poco todas-. También el miedo a que vivan aislados del mundo y sean parte de una «falsa realidad». Por alguna razón, esta es una opinión muy extendida, no estoy segura si tiene que ver con lo que ha sido el homeschooling en otra época, si es un equívoco por el nombre «educación EN CASA», si tiene que ver con el miedo a lo desconocido, o es una imagen equivocada que la sociedad se ha formado a lo largo de los tiempos. En cualquier caso, no se corresponde con la realidad. No al menos con todas las realidades; es posible que, en algunos casos, suceda, pero no es responsabilidad -o no tiene por qué serlo- de la opción educativa. De la misma manera que hay peques que han convivido en escuelas convencionales con otrxs peques de su misma edad, y no se han adaptado bien, o han tenido problemas a la hora de socializar, y eso no es responsabilidad -o no siempre- de la escuela convencional.

Pero la educación en casa, el homeschooling, unschooling, worldschooling, lo llamemos como lo llamemos, no es una educación de bichos raros. No educamos niñxs aisladxs del mundo, ni de otrxs niñxs. Vamos a los mismos sitios, hacemos las mismas extraescolares, nos invitan a los cumpleaños, convivimos en la misma sociedad que las familias que no educan en casa. La diferencia es que mis hijas no hacen el horario completo. Eso es todo. Sus amigxs van a diferentes escuelas. En algunas hacen horario intensivo y en otras extensivo. Algunxs van a clase de piano, inglés o cerámica por la tarde, otrxs no. Algunxs viven cerca todo el año, con otrxs solo se ven los fines de semana. Algunxs van al colegio en uniforme, otrxs van a una escuela donde no hay libros, otrxs van caminando a clase. Algunxs tienen dos casas, dos coches, y muchos juguetes, otrxs vienen a jugar a casa porque en su casa no hay espacio. Algunxs hablan castellano, otrxs hablan dos idiomas, otrxs todavía están aprendiendo y nos cuesta entendernos algunas veces. Sé que no todxs lxs niñxs son tan afortunadxs como nosotras (ni homeschoolers ni schoolers ^_^), pero me gustaría, porque de verdad que es maravilloso ver como los peques son tan capaces de relacionarse con sus iguales y con sus dispares. Creo que muchas de las personas adultas tenemos que pararnos más a observar y escuchar. Tenemos que despojarnos de los miedos y confiar. Confiar es una de mis palabras preferidas desde que soy mamá.

Supongo que es lógico que, en una sociedad como la nuestra donde etiquetamos todo para poder entenderlo, lo que se sale de la norma, lo no convencional, nos preocupe. Necesitamos entender para qué, por qué, cuál es la razón para no hacer lo que se supone que hay que hacer. Y nos asusta la diferencia. Supongo que cada familia educa en casa por una razón diferente. En mi caso, educo a mis hijas en casa porque nos funciona, porque estamos bien y somos felices. Si algo fuera mal, si no nos funcionase, si algunx de nosotrxs no estuviese agusto con esta opción, buscaríamos otra.

El miedo al futuro

Este es otro miedo muy común entre las mapás que nos van conociendo. Qué pasará si mis hijas, que no participan del sistema, luego quieren entrar en la universidad o conseguir un trabajo. Es una pregunta lógica porque hemos crecido (yo al menos, y creo que es algo habitual en nuestra generación) con la creencia de que si te sales del sistema no podrás volver a entrar. Si no participas de todo el paquete, guardería-cole-instituto-universidad-prácticasnoremuneradas-trabajoindigno-hipoteca-coche-hijxs, no habrá pastel. Pero, oye, resulta que es mentira. Igual que aquello de que necesitamos estudiar una carrera para labrarnos un futuro. Igual que aquello de que si te hacían un contrato indefinido serías feliz el resto de tu vida. Igual que… Era mentira. Sigue siendo mentira. Y será mentira. Para trabajar solo hace falta trabajar. Para entrar en la universidad, hace falta estudiar.

Si estudias en el sistema tradicional y decides que quieres ir a la universidad, tienes varias opciones, puedes superar el bachillerato y una prueba de acceso. También puedes hacer un ciclo formativo de grado superior primero y acceder desde ahí. También existe la opción de acceder desde la ESO cuando tienes más de 25 años haciendo una prueba de acceso. Si mis hijas estudian en casa y luego descubren que quieren ir a la universidad, también tendrán varias opciones, podrán matricularse en la ESO en cualquier momento antes de los 16 años y hacer lo mismo que otrxs jovenes que han cursado toda la educación primaria. También podrán esperar a los 17 años y prepararse la prueba de acceso a un grado medio o a los 19 para uno de superior. Podrán esperar a los 25 y hacer la prueba de acceso.

Y para trabajar… pues imagino que dependerá del tipo de trabajo que quieran hacer. Hay trabajos para los que necesitarán una carrera universitaria, y tendrán que hacer todo esto que decíamos y hay trabajos para los que no necesitarán ningún tipo de titulación. Hay trabajos para los que les pedirán el título de la ESO, y trabajos para los que necesitarán muchísima formación no reglada. Hay trabajos con unas pruebas físicas tremendas, y trabajos que sobre todo necesitan control emocional. Supongo que estará en su mano prepararse para aquello que deseen hacer cuando llegue el momento. Por ahora, vamos haciendo el trabajo diario esforzándonos para que conozcan todas las opciones, y puedan mejorar en todos los aspectos que les interesen. Tratamos de ayudarlas a que conozcan todas sus posibilidades, y no tengan miedo de probar cosas nuevas. Que investiguen en cada campo que se les ponga delante y que no dejen de probar algo porque parezca difícil. Hasta ahora ha funcionado. Y si sigue funcionando, seguiremos este camino.

Y estos son los dos miedos más comunes que nos han transmitido desde fuera… pero seguro que hay más, porque el miedo, como decíamos, es un temazo de la mapaternidad… Pero yo creo que poco a poco, nos lo comeremos, y si no podemos, al menos hagamos como aprendimos con Totoro…, riámonos muy fuerte.

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